29 septiembre 2007

EL ENIGMA DEL HIJO ILEGÍTIMO DE ISIDORE DUCASSE

No reincidiré aquí en la atmósfera enigmática que ha envuelto desde hace casi dos años el hallazgo reiterado de sillitas de bebé abandonadas en cualquier parte de la ciudad: calles, parques, contenedores... Simplemente me limito a constatar de nuevo el impacto que supone la visión de un objeto así, despojado de lo que constituye su "entorno" natural. Es decir, el encuentro de una silla de bebé desamparado de la atención y el cuidado de una persona adulta. Este hecho, por sí solo, produce una extrañeza máxima a medida que uno se va acercando a la silla, sobre todo porque no es posible ver el interior de la silla hasta que se está prácticamente al lado, y nunca se sabe si habrá algo dentro o no.

Un día de la semana pasada, esta sensación se multiplicó con el hallazgo de esta sillita: una sillita cubierta con una tela. Al acercarme, sin embargo, pude comprobar que había numerosas prendas apiladas en ella. Sin embargo, esa primera sensación al ver la sillita unos metros delante de mí, bajo la cuesta, perduró durante todo el día.

Me recordó poderosamente al "Enigma de Isidore Ducasse", de Man Ray. Cubrir el objeto para potenciar el misterio.