22 octubre 2007

MADRID Y LO MARAVILLOSO COTIDIANO

Madrid es una ciudad viva en el más potente sentido de la palabra. Sus cimientos tiemblan, su savia está cargada de vitalidad. Todo se mueve, hay ideas, mordiscos, pintadas, cuchillos y plumas, chupetes y bares, objetos inesperados, casas okupadas, libros y abedules, mujeres y hombres que saben volar.

No resulta difícil encontrar viejos solares abandonados donde lo insólito aparece ante los ojos con una fuerza desbordante. En pleno Malasaña encontré, de noche, un edificio enorme del que sólo quedaban las paredes externas. En una de las paredes interiores había un dibujo de proporciones gigantescas en el que podía contemplarse el rostro perfecto de una joven japonesa. Maravilloso. Cerca, encontré algo que me sorprendió: una maniquí con el cuello exageradamente largo cuyo rostro melancólico miraba hacia la calle a través de los barrotes. Automáticamente se estableció una relación directa con mi pasado reciente (consultar el primer texto que cité un poco más abajo, e la entrada titulada "Maniquíes". La coincidencia con varios pasajes del texto completo es asombrosa).


Siempre he sentido una especial predilección por la tiza como medio para intervenir en la ciudad, ya sea mediante frases escritas en las paredes, dibujos, o lo que sea. Su carácter efímero y su marca no indeleble permiten, en mi opinión, un tipo de acción liberada de todo aspecto posesivo sobre la ciudad. La tiza respeta al lugar: lo marca, pero de una forma libre, generosa y abierta. La lluvia terminará por borrarla, al igual que borra las huellas y el surco de las lágrimas. Allí, en una de las calles de esta ciudad, encontré un enternecedor esbozo de una mujer que podría ser la que teje los hilos de cualquiera de nuestros sueños.


Si hay algo que sorprende gratamente de Madrid, es el carácter combativo que se respira en algunos lugares de la ciudad, que se echa mucho de menos en una ciudad como Santander. Encontrarse frases de Dadá o Lautreamont no es infrecuente, y convierte el paseo por Lavapiés o Malasaña en la recuperación de una chispa de esperanza.


Sólo allí es posible la aparición del lenguaje, del siseo sibilino del lenguaje, entre la corteza abierta de los árboles.

3 Comments:

Anonymous Hernán said...

¡Salud! Totalmente de acuerdo. Tus percepciones son iluminadoras. Uno de los elementos que retratas me recuerda a esta foto.

1:06 AM  
Blogger Town Crier said...

Como siempre, sublime. Felicidades.

Sin más.

10:59 PM  
Anonymous Kaasi said...

Es una pena que no pueda compartir por este medio alguna de las visiones retratadas de ese Madrid que relatas. Tengo toda una colección de imágenes extrañas y cautivadoras, una cabeza de jesucristo sobre un sillón-canapé francés o una señal de tráfico junto a un traje de faralaes. Emocionante artículo.

11:58 AM  

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