Un día del mes de diciembre del año 2005 fui a visitar a un amigo al trabajo. Tenía una tienda de regalos variados. Llegué antes de que cerraran, y estuvimos un rato charlando en el mostrador. Miré al suelo y vi un recogedor de basura, y en él una delicadísima cara de mujer de porcelana rota entre el polvo y las pelusas. Me agaché y vi a poca distancia un brazo también roto con una rosa sujetada levemente en la mano. Recuerdo que me produjo una sensación muy fuerte de fascinación. Me dijo que se había roto una figura y que iban a tirarlo, así que me dejó llevármelo.

A los pocos días, vi en el telediario una noticia sobre una obra de teatro. En las imágenes se veía a un hombre indescriptiblemente sólo en el escenario. En la mano tenía, sujetado a un dedo, una cara de porcelana muy parecida a la que yo había encontrado. Otros dos dedos sostenían sendos brazos también de porcelana. Sonaba una música muy triste, de violines, y el hombre se situaba de espaldas al público, simulaba que la figura le abrazaba, y se sumergía en ese abrazo.
El pasado mes de diciembre encontré una escena muy curiosa en la calle. Antes de llegar a un paso de cebra, alguien había colocado (sobre una bolsa) un pequeño hombrecillo sentado junto a un frasco blanco. El rostro de la figura le imprimía una especie de vida latente. Su serenidad me inquietaba. El conjunto tenía aspecto de ofrenda, de ofrenda indescifrable que estaba esperando a alguien o a algo.

Continué mi camino, y a los cincuenta metros encontré, junto a la basura, la parte superior de una figura de mujer de porcelana. La mano derecha estaba cercenada.

Días después escribí, a propósito de ella, que "el tamaño de sus pechos indica su predilección por las acacias".
las tetas de porcelana se balanceansobre algunos trapecios
entre ramas de corbatas
mientras las estrellas cuchicheany vuelan de fruta en fruta (Jean Arp)