Ayer encontré un pequeño libro en la galería de Paco Roales (calle del Carmen), que ahora también alberga una librería de libros antiguos de lo más apetitosa. El título del libro es "El lenguaje de las flores". Me llamó la atención el aspecto de la portada, con esos dibujos de estética ingenuamente delicada que ahora resulta tan difícil encontrar. Lo abrí con la intención de curiosear. El libro consistía simplemente en una enumeración de las diferentes flores junto a la característica asociada a ellas. En la primera parte el orden era flor-característica, y en la segunda era característica-flor.
Abrí páginas al azar, y entonces comenzaron a saltar asociaciones abrumadoramente sorprendentes, definiciones poéticas y metáforas de una potencia brillante:
ORÁCULO . . . DIENTE DE LEÓN
FIDELIDAD . . . CIRUELO, DÁTIL, IRIS BLANCO
IRONÍA . . . FLOR DE MANZANO
LOCURA . . . PELÍCANO
ASESINATO . . . OREJA DE OSO
INUTILIDAD . . . REINA DE LOS PRADOS
SUEÑO . . . AMAPOLA
LISONJA . . . ROSA MUSGOSA
AFLICCIÓN . . . FLOR DE MUERTO
AVARICIA . . . BOTÓN DE ORO
CABALLEROSIDAD . . . COLA DE ZORRA
DESOBEDIENCIA . . . MANZANA
EGOÍSMO . . . ÁRBOL DEL AMOR
SOLEDAD . . . BREZO, LIQUEN DE ISLANDIA
SUCIEDAD . . . FLOR DE SÁBILA
TENTACIÓN . . . MEMBRILLO
UNA NUBE CUBRE MIS OJOS . . . FLOR DE TAMARINDO

Todas y cada una de ellas tienen una riqueza de matices y sugerencias increíbles, tanto por las asociaciones que se establecen simbólicamente como por los nombres tan sugerentes de algunas flores, que multiplican los efectos.
Además, se produjeron dos hechos que me tocaron a un nivel más personal. Descubrí que la primera línea de la primera sección es la siguiente:
ABEDUL . . . DOCILIDAD
El abedul, de nuevo presente, primera planta por orden alfabético, árbol maravilloso que desde su corteza blanca nos observa a través de las grietas que abre en la realidad (consultar entradas anteriores de este blog). Por otro lado, la primera línea de la segunda sección es:
ABANDONO . . . ANÉMONA
Anémona, publicación que Vicente Gutiérrez Escudero y yo editamos desde hace ya dos años, y cuyo nuevo número entró esa misma mañana a imprenta. Por cierto, anémona viene del griego
ánemos, viento. "Me elevé desde los leones alados de la cosecha hasta el frío grito de la anémona" (René Char). "Conoceré el espacio cedido por el viento al esplendor de las anémonas" (Gérard Legrand).
Enseñé el libro a mi acompañante, una vieja amiga muy querida por mí. Al verlo, me pidió que dijese una flor al azar. "Clavel", dije sin pensar. Buscó. Me preguntó de qué color. "Blanco", sin dudarlo. Entonces leyó:
CLAVEL BLANCO . . . AMOR ARDIENTE. INGENUIDAD. TALENTO
El lenguaje de las flores me habló sobre mi situación vital actual con una precisión tan osada que me veo capaz de situarlo en audacia por encima del lenguaje de las cartas (el tarot, a pesar de que nunca me hayan echado las cartas hasta el momento). "La lluvia brusca, la lluvia de los mediodías de junio, que estornuda con la pimienta de los claveles blancos"(Paul Colinet) (PIMIENTA . . . COMPASIÓN)
Por último, y en consonancia con lo anterior, termino transcribiendo un fragmento de la brevísima introducción de este libro, que sirve como nudo enaltecedor de todo lo anterior:
En tiempos del romanticismo, cuando se buscaba la flor azul, los amantes se confesaban sus sentimientos en el lenguaje de las flores. "NO HAY NADIE QUE PUEDA QUERERTE MÁS ARDIENTEMENTE QUE YO" (CLAVEL BLANCO)
No tengo más palabras. Si necesitáis más, preguntadle a las flores.