GAMONEDA
El martes pasado Antonio Gamoneda participó en los martes literarios de la UIMP. Siempre es un privilegio escuchar de viva voz su escritura. Aunque el ambiente resultaba repulsivo, y las cámaras irritaran con su presencia, y las preguntas del moderador eran algo menos ambiciosas de lo que uno quisiera, Gamoneda alzó la voz y meció el espacio en un baile lentísimo de sombras.
Más allá de sus poemas, que han retumbado una y otra vez en mí con profundidad demoledora, me impresionó otra cosa. Algo mucho más sencillo. Mientras él leía, y la sala se iba sumiendo en una densa solemnidad, se escuchó el sonido de una bandada de gaviotas. Se oía de una forma muy intensa, no cesaban de gritar... Se escucharon en dos ocasiones (y no estoy seguro, pero puede que incluso en tres).
Además del pasado martes, escuché a Gamoneda en una lectura hace unos meses en Caja Cantabria. Si menciono a las gaviotas es porque aquella vez un escalofrío interminable recorrió mi espalda cuando, en medio de la lectura, un estruendo de gaviotas se abatió sobre la voz del poeta. Esta reaparición de las gaviotas en plena lectura me parece augural.
Esto podría no tener demasiada importancia tratándose de Santander, ciudad costera donde las gaviotas forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, se dan dos circunstancias objetivas que pueden incidir sobre lo inusual del hecho. La primera: Caja Cantabria está situada en una zona céntrica en la que yo nunca, hasta aquel día, había visto gaviotas, y mucho menos en tal número y con tal fuerza presencial. La segunda: ayer, hablando con Dori Campos (que también estuvo en la UIMP el martes) me dijo que también la había impresionado profundamente el sonido de las gaviotas. Y añadió que la llamó la atención, porque ella acude asiduamente a estas lecturas y nunca antes había oído algo semejante en ese espacio.
"Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido."
Más allá de sus poemas, que han retumbado una y otra vez en mí con profundidad demoledora, me impresionó otra cosa. Algo mucho más sencillo. Mientras él leía, y la sala se iba sumiendo en una densa solemnidad, se escuchó el sonido de una bandada de gaviotas. Se oía de una forma muy intensa, no cesaban de gritar... Se escucharon en dos ocasiones (y no estoy seguro, pero puede que incluso en tres).
Además del pasado martes, escuché a Gamoneda en una lectura hace unos meses en Caja Cantabria. Si menciono a las gaviotas es porque aquella vez un escalofrío interminable recorrió mi espalda cuando, en medio de la lectura, un estruendo de gaviotas se abatió sobre la voz del poeta. Esta reaparición de las gaviotas en plena lectura me parece augural.
Esto podría no tener demasiada importancia tratándose de Santander, ciudad costera donde las gaviotas forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, se dan dos circunstancias objetivas que pueden incidir sobre lo inusual del hecho. La primera: Caja Cantabria está situada en una zona céntrica en la que yo nunca, hasta aquel día, había visto gaviotas, y mucho menos en tal número y con tal fuerza presencial. La segunda: ayer, hablando con Dori Campos (que también estuvo en la UIMP el martes) me dijo que también la había impresionado profundamente el sonido de las gaviotas. Y añadió que la llamó la atención, porque ella acude asiduamente a estas lecturas y nunca antes había oído algo semejante en ese espacio.
"Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido."
(Antonio Gamoneda, Libro del frío)


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home